Los locales y puestos ambulantes por años vieron una oportunidad de negocio redituable en la venta de películas, series y música en su formato físico. Sin embargo estos hábitos de consumo dejarían de ser los mismos, gracias a que los clientes eran empujados cada vez más al consumo de entretenimiento por medio de plataformas de streaming, en donde Netflix fue y sigue siendo una de las más consumidas por el público, abandonando la idea de la compra o renta en físico. Provocando así, por ejemplo, el cierre de la famosa cadena de negocio Blockbuster.
Si una franquicia de esta talla cerraba sus puertas a causa de ya no ser un negocio competitivo en el consumo de entretenimiento, no costaba mucho imaginar el destino que le deparaba a los puestos de piratería, siendo pocos aquellos que lograron adaptarse al cambio, ideando nuevas estrategias de venta como el uso de memorias USB o compartiendo cuentas de diferentes plataformas, aunque hoy en día las grandes casas productoras imposibilitan cada vez más esta última práctica en sus servicios de streaming.
El espacio o entorno digital se ha convertido también en una nueva forma de continuar con la mala práctica de la piratería, creando páginas web o formando grupos que comparten contenido de forma totalmente gratuita.
Sin embargo el acceso a internet es actualmente un servicio que no todos se pueden costear en México, así como el desentendimiento con la tecnología, provoca que cierto sector de la población mantenga vivo aún el modelo de consumo tradicional por Disco o memoria USB.
La normalización de esta actividad ilegal continúa generando pérdidas económicas para aquellos que se ven directamente afectados, los cuales son los creadores o autores originales de las obras con las que se están lucrando, abaratando su trabajo al mismo tiempo que violan sus derechos de autor y de propiedad intelectual. Llegando a causar, por ejemplo, que la creación de cintas a nivel local en México terminen por no recuperar las fuertes inversiones que conlleva una producción audiovisual.
La concentración de grandes cantidades de población urbana, como lo puede ser la Ciudad de México o el particular caso del estado de Morelos, han sido una excepción a la regla, ofreciendo una amplia cantidad de productos pirata en barrios como Tepito en la capital del país, o la Plaza Lido en Cuernavaca, Morelos; lugar en donde las ventas por mayoreo han reducido los precios de sus películas hasta los $5 por pieza, siendo las mismas autoridades quienes han dejado de llevar a cabo operativos desde el año 2012 en la zona.
Aquí en la Ciudad de Morelia, Michoacán; contamos con el “Tepito moreliano”, llamado así por La Voz de Michoacán, haciendo referencia a su contraparte original pero siendo una versión mucho más reducida aunque igual de variada en productos y servicios, un espacio que lo abarca todo y vende de todo, mejor conocido por los locales como: el Auditorio o “Audi”.
Ubicado entre la avenida Solidaridad y la avenida Lázaro Cárdenas, este mercado de pulgas abarca más de 5 manzanas con más de 600 comerciantes presentes, según datos actualizados hasta 2021 por la Voz de Michoacán. Dentro de este espacio, los puestos que ofrecen películas, series y música de forma ilegal ahora solo pueden contarse con los dedos de una sola mano, reflejando así una clara disminución en la colocación de estos negocios en las calles.
El siguiente fotoreportaje explora algunos de los puestos que continúan presentes en el “Audi”, en donde no solo podemos encontrar productos pirata enfocados al entretenimiento, sino que ahora la ropa y los productos de belleza han logrado ganarse un lugar dentro de este mercado de pulgas.







